top of page

Tu Tiempo es más Valioso que el Diamante

Lo que la mente contabiliza como tiempo es desde la mirada del alma la vida. Tu tiempo es tu vida y tu vida es un tesoro sagrado ¿En qué inviertes tu vida? ¿Cómo quieres habitarla? ¿Quién o qué está marcando el ritmo de tu vida? ¿Eres tú quien lo hace realmente o son las historias que te cuentas y que has hecho tuyas para mantener ese ritmo? Si tu vida se terminara mañana, ¿qué querrías decirte? ¿sentirías satisfacción por aquello en lo que has invertido ese tiempo-vida que se te ha regalado?

Para comprender el presente y modelar el futuro es aconsejable mirar al pasado así que hagamos un pequeño repaso del camino que nos ha llevado hasta esta Nueva Tierra. Regresemos por un momento a la era industrial con sus fábricas y sus cadenas de montaje. Esta estructura productiva impuso un ritmo general para asegurar la eficiencia y sobre todo para mecanizar y homogeneizar el comportamiento, así es más fácil mantener el control. Ese ritmo se interiorizó a tal punto durante siglos que parecía lo normal y era lo normal en tanto en cuanto era lo más habitual, pero eso no significa necesariamente que sea ni lo óptimo ni lo deseable. Semana laboral, fin de semana de ocio, mes de vacaciones.


Y ahora te pregunto ¿Qué pasaría si no hubiera este formato? ¿Cómo te sentirías, cómo vivirías? En cierta ocasión, u


n hombre de 56 años me dijo con entusiasmo que le quedaba muy poco para poder tomar la jubilación anticipada. Yo le pregunté, ¿y qué piensas hacer después? Él me contestó firmemente con una sola palabra: “vivir”. Me quedé durante unos segundos sin poder reaccionar porque estaba intentando contener una pregunta que había explotado en mi interior y que no quería pronunciar en voz alta. Seguro que has adivinado la pregunta: ¿qué has estado haciendo en los últimos 56 años si no has vivido? No es ningún caso una crítica o un juicio a ese hombre que merece todo mi respeto. Simplemente me cuestiono sobre lo que está pasando para que una persona


sienta que sólo puede empezar a vivir a los 56 años. Algo muy valioso se está perdiendo por el camino. Éste es tan sólo un ejemplo de algo que hemos considerado “lo normal”.


Continuando este paseo por la historia del ritmo llegamos a la era científica y tecnológica que añadió a la huella dejada por las estructuras industriales un nuevo elemento: la velocidad permanente y siempre creciente. Comida rápida, información rápida, ocio rápido, mensajes en acelerado, si el vídeo sobrepasa los 30 segundos ya nadie lo ve y un largo etcétera. Incluso se ha acelerado a la propia naturaleza y sus ciclos para que produzca más y más deprisa. Y si no sigue el ritmo, pues se arranca la planta, el árbol o el


bosque entero y se pone plástico, hormonas, luces artificiales o lo que sea. Claro, los seres humanos somos naturaleza así que estamos sometidos a esta ley de aceleración. Se ve muy claramente en la infancia y adolescencia. Las niñas y los niños maduran aceleradamente saltándose etapas y momentos de tránsito importantes. Los ritos de paso que permitían honrar el final de un periodo y abrir las puertas de lo nuevo a un ritmo natural se han convertido en recuerdos de un pasado incierto.

En medio de este paisaje de e


spacios rígidos y prisa surgen por aquí y por allá semillas de una Nueva Tierra. Seres que individualmente o en grupo van saliendo de la supervivencia y despertado a la vida para recuperar lo que nos pertenece. Habitar nuestro templo interior y vivir desde él. Así, en la Nueva Tierra cada persona siente a qué quiere dedicar ese regalo preciado que es la vida y a qué ritmo quiere vivirla.

Cada ser danza según su propia música como siempre lo ha hecho la naturaleza. Y así como un roble no tiene el mismo ritmo que una amapola o un perezoso que un guepardo, los seres humanos también tenemos distintos tempos; algunos son más activos por el día mientras que otros lo son por la noche; hay quien se siente mejor con el frío del invierno y quien con el calor del verano. Ciertas personas son muy rápidas para comprender, para transmutar; otras, sin embargo, son lentas en sus procesos. A


l respetar el ritmo interno de cada cual la sensación de prisa o de falta de tiempo ha desaparecido. Cada cosa encuentra su tiempo y hay un tiempo para cada cosa. También han desaparecido las diferencias entre unos días y otros. No hay días de descanso para todos a la vez o días de actividad para todos a la vez. Cada ser y cada grupo sabe lo que es necesario para sus proyectos y para sus cuerpos.


Somos viajeros y viajeras del tiempo. Cuando olvidamos que el tiempo es nuestro modo de desplazamiento, la mente nos hace creer que el reloj está fuera cuando está dentro. El corazón no deja de bombear tiempo para nuestro viaje y cuando digo el corazón, no quiero decir sólo el órgano sino también su memoria, su inteligencia. Si escuchas la memoria de tu corazón estarás escuchando tu alma, ella sabe cuál es el tempo y entonces descubres que aquella lista de tareas que te parecía imposible de cumplir no sólo está completada sino que has podido sumar aún más sin añadir ni un gramo de prisa.


Lo que te cuen


to es real porque yo lo vivo. Al principio es difícil silenciar la mente que no deja de criticar y de decir lo que hay que hacer. Sin embargo, poniendo amor y comprensión a esa mente que trata de ayudar, aunque no siempre comprende, poco a poco va convirtiéndose en una aliada del corazón. Decía el filósofo: el corazón tiene razones que la razón no comprende y así es porque nuestro cerebro tiene como misión principal mantenernos en vida, sobrevivir, así que una parte importante de su actividad está centrada en evaluar todo lo que ocurre alrededor y calcular la mejor posibilidad de supervivencia. La verdad sobre ti, sobre quien eres realmente está en tu corazón. Es posible que haya muchas voces en tu interior y te cueste saber cuál es la del corazón. Es necesario ir quitando capas, pantallas de interferencia para que la voz de tu alma se escuche con claridad y una vez que la escuchas todo toma otro sentido, de hecho, todo cobra sentido y la vida se vu


elve una auténtica obra de arte. Párate y escucha. Escucha tu ritmo propio, escucha tu corazón.


Te propongo un jue


go para hoy, pon tu conciencia en el ritmo con el que vives, con el que haces, con el que piensas, con el que sientes. Siente qué pasa en tu cuerpo, en el ritmo interno que lo anima. Y trata de bajar ese ritmo interno sin dejar de hacer lo que tienes que hacer. Sólo bajar el ritmo interno y calmar la mente con palabras bonitas, por ejemplo, gracias, puedes descansar, ya me ocupo yo, yo estoy al mando ahora.


Para entender el corazón y la mente de una persona no te fijes en lo que ha hecho, no te fijes en lo que ha logrado, sino en lo que aspira a hacer”, Khalil Gibran.


6 visualizaciones

Entradas Recientes

Ver todo

Comments


bottom of page