top of page

Economía del Don, el valor de los talentos personales


Ante un sistema que se va desmembrando poco a poco es el tiempo de manifestar nuevas formas. ¿Cómo es la economía de una Nueva Tierra?


Antes de entrar en lo nuevo me gustaría comenzar por los orígenes de lo que hoy es un elemento clave en la vida de la mayoría de seres humanos: el dinero.


Hay varias versiones sobres sus orígenes, la que parece sostenerse más sólidamente es que surgió hace unos 4000 a 5000 años en la Grecia Antigua. El dinero ha claramente condicionado y moldeado nuestras mentes y curiosamente la Grecia Antigua se considera la cuna del pensamiento moderno. Hay que señalar también que alrededor de esos grandes pensadores de la historia existía una sociedad con valores que hoy calificaríamos como patriarcales en la que el Pater Familia no sólo poseía la vida de sus esclavos y esclavas sino que también era dueño de la de su mujer y de sus hijos. Esto es importante tenerlo en cuenta puesto que forma parte de la herencia que ha llegado hasta la actualidad. De hecho, en aproximadamente la misma época el culto a la Diosa, representante sagrada de la naturaleza, había sido eliminado y sustituido por el culto a dioses masculinos guerreros y conquistadores que no habitaban en la tierra cerca de los humanos como lo había hecho la Diosa sino que observaban y juzgaban desde los cielos. Este es el contexto en el que surgió el concepto dinero y es un punto importante en su significado actualmente puesto que el dinero nos lleva a una sensación de separación, de dominación y posesión. Así hemos creado la ilusión de que con el dinero podemos dominar y poseer la mismísima Tierra. Volveremos a esto más adelante.


Hace mucho tiempo que el dinero no se corresponde con algo tangible y concreto como un metal o similar. Aquí te dejo un dato extraído del apasionante libro de Charles Einsenstein, Economía Sagrada que aunque no sepas nada de finanzas habla por sí solo: los paquetes financieros existentes manejan cifras que están 10 veces por encima del producto interior bruto del mundo*. Es decir que todo ese dinero que supuestamente está circulando es en realidad un espejismo.

Yo diría que el dinero es el gran ilusionista de nuestras vidas, en el sentido de creador de trampantojos (del francés, trompe l'oeil, engaña al ojo) que esconden una realidad diferente de la que creemos estar viendo.

Empecemos por la ilusión de la independencia. ¡Cuántas veces hemos oído que el dinero te da independencia! Toda mi infancia y juventud he escuchado este mantra. Si observas más detenidamente lo que ocurre en realidad, enseguida verás el truco. Lo que ha ocurrido es simplemente que la dependencia ha cambiado de lugar. Lo que era dependencia (más bien interdependencia) de los vecinos, de los miembros de la comunidad, de la naturaleza, de sus frutos y de sus ciclos se ha convertido en dependencia de grandes corporaciones, empresas proveedoras de un supuesto “bienestar” e instituciones múltiples sin rostro visible. Es más, con la entrada masiva de la tecnología, lo más habitual es tratar directamente con ordenadores, bots o artificios con una de las múltiples inteligencias que tiene un humano. El dinero de algún modo nos aleja de lo físico y crea un separación con el otro. Cuando das se establece un vínculo que no necesariamente tiene que tener una continuidad tangible, pero ha quedado ese espacio relacional en forma de gratitud; al pagar, de algún modo cierras ese espacio, cortas el vínculo.


Yo nací en una aldea y viví ese estado de interdependencia. Cuando un vecino tenía que ausentarse, otro u otros vecinos se ocupaban de su ganado. En la época de máxima actividad en el campo, la recogida del heno, cuando cada familia había terminado su tarea se unía a los que todavía no lo habían hecho para avanzar más rápido en el trabajo. En ningún caso había intercambio monetario. No era necesario. El intercambio era la confianza. La confianza de que si alguien necesitaba algo, otro podría dárselo. Esto ha existido en todas las culturas y en algunas todavía se mantiene. Pienso en el ayni de las comunidades indígenas de los Andes: reciprocidad o mutualismo. Éste es el principio básico de la economía del don.

Ahora en mi tierra natal existen empresas a las que los ganaderos pagan por ocuparse de sus animales mientras están ausentes. De modo que lo que llamamos la sociedad del bienestar ha traído con ella tener que pagar por cosas que antes nos eran dadas por el propio tejido comunitario.

El dinero también nos lleva a una sensación de escasez porque es el principio mismo de la economía basada en el consumo: crear necesidades, la sensación de que nos hace falta algo más. Así comienza la carrera tras el dinero. Siempre me sorprende la expresión “ganarse la vida”. Preguntamos ¿cómo te ganas la vida? La vida se nos ha sido dada, regalada. La vida crece, florece, se renueva sin pedir dinero a cambio. La naturaleza fructifica sin pedir más que ciertos cuidados y mimos.

Y llegamos hasta esa visión en la que los talentos de una persona, curiosamente también llamados dones, no valen nada si no se transforman en dinero. Se diría que tiene más valor el dinero que los atributos intrínsecos de los seres y de las cosas. No sé da el mismo valor a lo que es regalado que a lo que tienes que pagar y sin embargo aquello que se dona tiene un valor añadido puesto que lleva la intención de quien regala, su gesto. Hay aquí un largo espacio de reflexión por ejemplo alrededor de lo que es gratis. En una sociedad de mercado hemos aprendido que lo gratis no siempre es realmente gratis que etimológicamente viene de alegrarse, celebrar sino que puede tener una intención oculta. La cultura del 2x1.


Dejo aquí esta reflexión para volver a esa sensación de escasez generada por la cultura del dinero. Frente a ese discurso de crisis y recursos que se terminan tenemos las siguientes paradojas: alrededor de un 50% de los alimentos acaban en la basura en las distintas etapas del viaje entre su origen y su último destino; hay personas que poseen más de una vivienda o viviendas que podrían albergar a varias familias llevando vidas más sencillas; según el Ministerio de Defensa, España tiene un presupuesto militar para 2023 de 12.825 millones de euros (en 2022 fue de 10.155 millones). Viendo estas cifras me cuesta mucho pensar en escasez. Bien es cierto que los recursos de la tierra podrían agotarse si el consumo sigue creciendo al ritmo que lo ha estado haciendo, sin embargo si adoptamos modos de vida más simples y más respetuosos, este hermoso planeta provee para todos.


La idea de que con dinero se puede conseguir todo ha hecho crecer el número de cosas que cada individuo en el denominado mundo desarrollado posee. De hecho, el dinero nos ha llevado a la ilusión de que la Tierra nos pertenece y así poseemos trozos de tierra, incluso islas completas, que ponemos bajo nuestro nombre; nos apropiamos de los minerales, del electromagnetismo, de la información genética, del agua e incluso de lo que hay en las cabezas de otros seres humanos. Se diría que todo viene del dinero y que todo vuelve a él, como un dios insaciable y tiránico. De hecho, los regímenes totalitarios y las sectas se caracterizan por tener una figura central y elevada a la que todo el resto tiene que mirar y de este modo, no se crean lazos horizontales, no se crea un tejido que podría volverse fuerte y por tanto, una amenaza para esa figura totalitaria. En ese lugar, yo veo claramente el dios dinero. Tal es su culto que una de las actividades profesionales en más auge entre los jóvenes parece ser la especulación. Se le da otros nombres, preferiblemente con palabras inglesas para seguir alimentando la ilusión, pero no dejan de ser especulación.

La idea de escasez y la de separación van unidas, y ambas llaman a la puerta de los instintos más básicos de supervivencia. Que yo tenga aunque a otro le falte. Se nos ha contado una historia sobre la supervivencia del más fuerte, pero no es más que una historia porque el más fuerte en solitario no llega muy lejos. La verdad es que la clave de la vida es la cooperación. Un cuerpo no puede estar sano y floreciente si uno de sus órganos está enfermo o en déficit.


Demos ahora un paso para penetrar en la Nueva Tierra, en la Nueva Tierra que yo deseo mostrarte. Desde el umbral de ese mundo quiero mencionar y agradecer a dos personas que son una fuente de inspiración para mí: Charles Eisenstein y Mark Boyle. El primero se dio a conocer con la publicación de Economía Sagrada. Un magnífico libro que te recomiendo en el que presenta de forma extensa la economía del don (Gift Economy) que es para mí la economía de la Nueva Tierra. Puedes encontrar numerosas conferencias de Eisenstein en internet y tiene otros libros algunos tal vez no están traducidos al español. Uno de mis favoritos lo dice todo con el título: “The more beautiful world our hearts know is possible”, El mundo más bello que nuestros corazones saben que es posible. No voy a entrar aquí en todo el ideario de Eisenstein que es sin lugar a dudas apasionante y muy inspirador. Sólo decirte que sus ideas de un nuevo mundo están calando tanto en la sociedad americana que el nuevo miembro de la familia Kennedy, Robert jr, que se presenta a las elecciones de EEUU de 2024 le ha pedido que forme parte de su equipo. Para mí, ésta es una gran noticia y un signo importante del momento que vivimos.

En cuanto a Mark Boyle conocido como the moneyless man (el hombre sin dinero), es un personaje fascinante: era empresario en el mundo de la ecología hasta que un día conversando con un amigo sobre la desconexión que produce el dinero entre nosotros y nuestras acciones decidió hacer la experiencia de vivir sin dinero durante un año. Lo que era una experiencia de tiempo limitado se ha convertido en su forma de vida. Actualmente vive en una cabaña que él mismo ha construido en un bosque irlandés, su país de origen, sin electricidad ni tecnología moderna de ningún tipo, incluso sin agua corriente para no usar dispositivos de bombeo y escribe sus artículos y libros con papel y bolígrafo, la más alta tecnología. Tuve la enorme suerte de estar en contacto con él antes de que se desconectara de toda tecnología con motivo de la traducción de su segundo libro “Manifiesto para una Vida Libre de Dinero” que traduje y que puedes encontrar aquí mismo.


Crear esa Nueva Tierra de prosperidad y de economía del don requiere cambiar la narrativa, cambiar el relato que nos contamos, las creencias que validamos. Crear ese estado es una elección consciente, un estado del ser. Todo comienza por ahí. Por atravesar el miedo irracional a la carencia. Un miedo que ha sido y es alimentado por esa narrativa generalizada de limitación de recursos que nos lleva permanentemente a una supervivencia deshumanizada y como la rueda en la que gira sin descanso el hamster, esa deshumanización genera un vacío interior que llenamos con cosas que compramos o con experiencias que nos venden o un largo etcétera que viene del exterior. Actualmente estamos en ese punto entre mundos, entre narrativas y es una decisión individual por cuál queremos apostar. Te recuerdo que la manifestación de cualquier creación, de cualquier realidad, comienza en ese espacio intermedio, en el espacio imaginal, en el espacio del todo es posible. Hay una cita que no me canso de repetir por lo cierta y hermosa, proviene del libro Diálogos con el Angel y dice “los seres creadores se sitúan entre el final y el principio porque entre el principio y el final está el tiempo y entre el final y el principio está la eternidad”


Te propongo imaginar lo siguiente. Un grupo humano con un tamaño que permita un tejido relacional entre todos los integrantes. Imagina que cada uno de esos seres dedica su vida a desarrollar su pasión, su don y que ofrece ese don al resto del grupo. Ese don puede ser hacer pan o construir viviendas o coser o sanar o orientar espiritualmente o cantar. Cada ser de ese grupo ofrece al resto su don y recibe del resto sus dones. Es decir que si son 100 seres cada uno ofrece su don y recibe 99. Creo que esto se puede poner en la categoría de los acuerdos ganador-ganador.


La economía del don no es una utopía ni una extravagancia filosófica. La economía del don ha existido y existe en diferentes culturas y pueblos. Lo que haría falta en los llamados países desarrollados sería como he dicho una cambio de mentalidad que implica necesariamente una forma de vida más simple y auténtica. Tomo las palabras de Charles Eisenstein “Al menos que hayamos hecho un trabajo de transformación sobre nosotros mismos, seguiremos siendo los productos de la misma civilización que tratamos de cambiar.” Que es básicamente lo mismo que dijo Gandhi con su célebre “sé el cambio que quieres ver en el mundo”.


Si esto que te cuento resuena en ti te invito a que comiences a practicar la economía del don en tu entorno cercano y que crees ese tejido que nos hará resilientes ante cualquier cambio en las estructuras del sistema socioeconómico y político. Pongamos los corazones en red para vivir la Nueva Tierra. Yo he elegido esto. Elijas lo que elijas que sea con el corazón que es el portavoz del alma.


A día de hoy no sé cómo podría ser posible una economía del don a gran escala, la tarea de darle una forma excede sobradamente mis capacidades y mis conocimientos, pero sí sé que la capacidad del ser humano de crear aquello que sueña o imagina es inmensa, sobretodo cuando hay muchos seres humanos soñando o imaginando la misma cosa. Nuestras mentes conectadas son más potentes que el más potente de los ordenadores.

13 visualizaciones

Entradas Recientes

Ver todo

Comments


bottom of page